Cerro de la Estrella, atestigua crueldad contra animales… y humanos…

Socorro Valdez Guerrero

Ellos fueron olvidados y vagan juntos, nostálgicos y hambrientos. Ella, a punto de dar vida muestra alegría cuando alguien se acerca. Él la mira con tristeza y observa con recelo a los visitantes, mientras ella, camina, voltea y busca que ellos le den un poco de alimento. Su prominente vientre avisa y reclama comer. Sabe que tendrá hijos y debe alimentarlos, aunque después tengan hambre y les falte un hogar. Ambos, están desprotegidos después del desalojo. Los convirtieron en víctimas del abandono. Priorizaron “sembrar parques”, proteger la zona y los olvidaron a ellos. Omitieron a esos seres de los que nadie sabe sus nombres. Los arrinconaron a su suerte. Los lugareños identifican la invasión, a los invasores. Saben de esa zona ecológica ocupada por años. Depredada por fraccionadores no tan clandestinos, porque son los que un día fueron liderados y apoyados por los que hoy gobiernan y administran la región. Esa alcaldía en Iztapalapa. Esa funcionaria que hoy desprecia lo que antes alentó, ¡la invasión! La ocupación ilegal de predios. Una ocupación de terrenos como allá en esa zona que sobreprotege, la Sierra de Santa Catarina, donde también ayudó para dotar de servicios en lo ilegal: condonar sus pagos. Ahora, acá, en el Cerro de la Estrella, recula, retrocede y olvida su época de promotora de lo ilegal. Arrasa y da la orden de destruir sólo una humilde vivienda con más de medio siglo ocupada por invasores. Esos “dueños” que nadie sabe dónde se reinstalaron y que “Don Chencho” improvisó para su familia en el Cerro de la Estrella. Él, que ya no existe, pero que desde arriba tal vez observa lo que destruyeron lo trascabos. Y también ese sobreviviente de la época revolucionaria, que cuidó la región, construyó la choza, sembró y vendió pulque para subsistir y heredar a su familia, ve ahora que a una alcaldesa de Iztapalapa y a un gobierno de la Ciudad de México, ellos les estorban y los ¡Echaron! No los quisieron en ese patrimonio nacional que había que cacarear como recuperado para reflectores, aunque quedaran los otros, los inmuebles bien construidos y protegidos por dirigentes. Y también ellos, a los que dejaron para que vaguen hambrientos. Esos tres perros criollos a los que poco importó proteger sus derechos. También ¡Los vulneraron! ¡Los violentaron! A ellos, a los que manos caritativas reconstruyeron una morada para protegerlos de la lluvia, pero no del hambre, no del abandono. Ellos, que vagan tristes entre nopales, hierba, magueyes y recuerdos. Junto con esos juguetes que arrancaron sonrisas, y hoy tristeza; esos discos y caset’s, que arrojaron melodías, y hoy quedaron ahí como ellos, en el ¡abandono! Como ellos, simples escombros de lo que fue un hogar. En esa región donde queda sólo una violada Ley de Protección Animal; una inoperante Declaración Universal de los Derechos de los Animales; una congelada iniciativa de ley que no los proteje, que no se cumple, que no aplica cárcel para quien los abandonó y los vulneró. Sin protección, sin ¡nadie! Siguen ahí, sin una asociación u organización que los arrope, que los vea, que los cuide aunque sean ¡Perros!. Que al menos desgarren vestiduras con simulada ira porque fueron lastimados. Tampoco hay quien aplique esa ley que castigue el olvido, el abandono gubernamental. Sólo “limpiaron” y destruyeron vidas, esa seguridad de protección, de alimento, que aunque humilde, los mantenía. Todos evaden, nadie castiga al indolente, a esa autoridad en Iztapalapa, en el gobierno central que protege lo natural a costa de violar derechos. No ven esa crueldad en su acción de autoridad ni ese incumplir de normas, de derechos que marca: “el respeto hacia los animales por el hombre, está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos”. Quién hará reflexionar y concientizar a esa alcaldesa que recupera y protege, pero lastima a indefensos. ¿Quién? Le dirá a la autoridad ambiental, educativa y de salud, su omisión. ¿Quién?, les advertirá que ¡nunca! ¡Nunca! Por proteger se vulnera a otros, aunque éstos, sean ¡Animales!

CRUEL ABANDONO

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